La convivencia que hace posible aprender
Por qué ICIAR impulsa un diplomado en convivencia educativa
Santiago, septiembre de 2026
Suena el timbre. Antes de explicar una sola materia, la profesora necesita algo que hoy cuesta cada vez más: que treinta y tantas personas puedan escucharse. Si una pregunta se hace sin miedo al ridículo, si una diferencia no termina en humillación, si una interrupción encuentra un límite razonable, la convivencia ya cumplió su parte. No se ve. No sale en ninguna ceremonia. Pero sin ella, no hay clase que funcione.
Escribo como presidente del Instituto Chileno de Inteligencia Artificial y Robótica, ICIAR, para hacer pública una convicción que hemos transformado en una iniciativa concreta: el Diplomado en Gestión Integral de la Convivencia Educativa. La realidad lo pide: en 2025 la Superintendencia de Educación recibió 22.680 denuncias, un 18,7% más que el año anterior, y más de tres cuartas partes se relacionaban con convivencia escolar. Y, sin embargo —esto también hay que decirlo—, el 78,3% de las personas consultadas por la Agencia de Calidad consideraba seguro su establecimiento. Chile vive dos historias sobre sus escuelas al mismo tiempo, y ambas son ciertas.
La ley ha ido detrás de esa complejidad, a veces alcanzándola. Desde 2011, Chile ha fortalecido la prevención, profesionalizado la gestión y sumado herramientas de seguridad. La Política Nacional de Convivencia 2024-2030 y las recientes leyes N.º 21.809 y 21.827 expresan, con énfasis distintos, un acuerdo de fondo: aprender exige comunidades seguras y bien conducidas. El mensaje que dio origen a la Ley N.º 21.809 recordó algo esencial: vivir en comunidad también forma parte de la enseñanza.
Pero ninguna ley entra sola a una sala de clases. Ninguna norma distingue, en el momento exacto, entre un conflicto pasajero y un caso de acoso, ni acompaña a un profesor amenazado, ni decide qué hacer frente a una señal de riesgo. Ese espacio —entre el papel y el lunes en la mañana— sólo lo llenan personas capacitadas. Ahí nace este diplomado.
Tampoco podemos mirar para el lado ante lo extremo. Hasta hace poco, la violencia armada en un establecimiento educacional parecía un problema ajeno. El ataque ocurrido en 2026 en Calama, que costó la vida de una inspectora, terminó con esa percepción. Prepararse no es educar con miedo: es contar con canales de alerta, criterio para evaluar y capacidad de reaccionar a tiempo.
El coordinador de convivencia tendrá un papel decisivo, pero no puede cargar solo con esta responsabilidad. La convivencia se construye en la dirección, en cada sala de clases y en la relación con las familias. El sostenedor debe darle respaldo y recursos reales.
En ICIAR hemos aprendido que los cambios educativos se sostienen cuando quienes deben llevarlos a la práctica comprenden su sentido y cuentan con herramientas. Nuestra experiencia en formación y acompañamiento docente nos ha mostrado que una norma puede abrir un camino; son las capacidades de las personas las que permiten recorrerlo. Esa experiencia es la que queremos aportar.
Por eso el diplomado no se quedará en las definiciones: quiere formar criterio. Cruzará el marco normativo chileno con evidencia y casos reales para que quien lo curse vuelva a su comunidad con mayor capacidad para:
- Observar las señales tempranas de un conflicto.
- Intervenir antes de que ese conflicto escale.
- Conducir decisiones difíciles con seguridad y fundamento.
Hay razones para preocuparse. También hay un marco más claro, una conciencia pública más despierta y comunidades que quieren hacerlo mejor.
A quienes sienten que esta tarea los interpela, los invitamos a formarse con nosotros y a convertir este momento en una oportunidad para sus escuelas.
La convivencia también se aprende. Una comunidad que fortalece sus vínculos recupera lo que de verdad importa: tiempo, confianza y energía para enseñar.
Andrés Wallis
Presidente
Instituto Chileno de Inteligencia Artificial y Robótica (ICIAR)